La Capilla
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Sobre esta experiencia
La Capilla de La Cumbrecita corona el Camino del Bosque, en una de las zonas más elevadas del pueblo, y es uno de los símbolos arquitectónicos más reconocibles del Valle de Calamuchita. Fue diseñada en 1967 por Helmut Cabjolsky, el ingeniero alemán que en 1934 compró las tierras donde hoy se levanta La Cumbrecita y que impulsó, junto a los primeros colonos centroeuropeos, el estilo alpino que caracteriza a todo el pueblo.
Cabjolsky había llegado a Buenos Aires como gerente de Siemens, pero fue despedido por el origen judío de su esposa y no pudo regresar a Alemania. Encontró en estas sierras un paisaje que le recordaba a Berchtesgaden, el pueblo bávaro donde solía descansar, y decidió levantar aquí su refugio de montaña. Cuando los primeros lotes se vendieron con la condición de construir únicamente en estilo alpino, llegaron familias católicas, protestantes y judías de origen centroeuropeo, y para dar respuesta a esa diversidad se construyó esta capilla, pensada desde el origen para permanecer abierta a todos los credos.
Se levantó con materiales de la zona: la predominancia de la madera, la arquitectura alpina y los espacios reducidos del templo, rodeado por completo por el bosque de cedros y cipreses, le dan un carácter austero y a la vez de particular encanto. En su interior hay un pequeño entrepiso de madera con una ventana circular desde donde se manejan sus dos campanas, y como no posee energía eléctrica, su iluminación depende de un gran candelabro central que se enciende a mano.
Guarda en su altar la imagen de la Virgen María y el Niño, tallada en la escuela de ebanistería de Oberammergau, en Baviera, Alemania —la misma tradición artesanal que inspiró buena parte de la arquitectura del pueblo—. Se llega caminando en 15 a 20 minutos desde el centro, siguiendo el Camino del Bosque, en una caminata corta que combina naturaleza e historia y que se completa con una de las mejores vistas elevadas de La Cumbrecita.
Qué incluye
Qué no incluye
Itinerario del día
Salida desde el centro de La Cumbrecita
Horario libreEl recorrido arranca en la zona central del pueblo, siguiendo las marcas del sendero Casco Histórico hacia el Camino del Bosque.
Ascenso por el Camino del Bosque
+10 minutosSendero de cornisa entre cedros y cipreses centenarios, con un breve desnivel hacia la zona más alta del pueblo donde se encuentra La Capilla.
Llegada a La Capilla
+5 a 10 minutosEl sendero desemboca frente al templo de madera y arquitectura alpina. Tiempo para observar el exterior, las dos campanas y el entorno de bosque que la rodea.
Visita al interior
Tiempo libreIngreso al interior del templo, con su entrepiso de madera, el candelabro central y la imagen de la Virgen María y el Niño tallada en Oberammergau, Baviera.
Regreso al centro del pueblo
+15 a 20 minutosVuelta por el mismo Camino del Bosque, o continuando hacia otros rincones cercanos como el Bosquecito Bajo, antes de retomar la calle principal.
Qué traer
Información importante
Se construyó en 1967, diseñada por Helmut Cabjolsky, el ingeniero alemán fundador de La Cumbrecita. Se levantó con materiales de la zona, siguiendo la arquitectura alpina que caracteriza a todo el pueblo.
Fue concebida desde su origen para estar abierta a todos los credos. Los primeros colonos de La Cumbrecita eran de origen centroeuropeo y profesaban distintas religiones —católica, protestante y judía— por lo que la capilla se construyó como un espacio ecuménico compartido por todos.
Se llega caminando en 15 a 20 minutos siguiendo el Camino del Bosque, un sendero de cornisa entre cedros y cipreses que asciende hasta una de las zonas más altas de La Cumbrecita, donde se encuentra el templo.
Sí, el acceso es libre y gratuito, sin reserva previa. Solo tiene costo el ingreso general al pueblo peatonal de La Cumbrecita, que se abona en la boletería al llegar en auto.
Un pequeño entrepiso de madera con una ventana circular desde donde se manejan sus dos campanas, un gran candelabro central que ilumina el templo —no tiene energía eléctrica— y la imagen de la Virgen María y el Niño, tallada en la escuela de ebanistería de Oberammergau, en Baviera, Alemania.
Fue un ingeniero alemán que trabajaba para Siemens en Buenos Aires hasta que lo despidieron por el origen judío de su esposa. En 1934 compró las tierras donde hoy está La Cumbrecita, buscando recrear el paisaje de Berchtesgaden, un pueblo de montaña en Baviera. Fue el principal impulsor de la arquitectura alpina del pueblo y el diseñador de La Capilla, entre otras construcciones emblemáticas.
El templo ocasionalmente alberga ceremonias y oficios, aunque no tiene un calendario fijo y público de servicios religiosos regulares. Se recomienda consultar en la Oficina de Turismo de La Cumbrecita si se busca coincidir con algún evento particular.
Sí, La Capilla es el punto donde culmina el Camino del Bosque, y desde ahí se puede continuar el paseo hacia el Bosquecito Bajo o regresar al centro del pueblo para recorrer otros rincones históricos de La Cumbrecita.
Tu guía
Lucía Maier
Guía local · Informante de Rincones de La Cumbrecita
Vivo en La Cumbrecita desde que nací y conozco la historia de cada rincón del pueblo. Acompaño a familias y grupos que prefieren ir con guía local para conocer la historia de Helmut Cabjolsky, el origen ecuménico de La Capilla y los detalles de su arquitectura alpina. No es un servicio obligatorio: el acceso es libre, pero la visita guiada suma contexto histórico para quienes vienen por primera vez.
Punto de encuentro
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Reseñas de viajeros (1)
1 reseña
Tengo 60 años y visité la Capilla de La Cumbrecita durante una caminata por los senderos tradicionales del pueblo. Es un lugar sencillo, pequeño y muy bien cuidado, que transmite una sensación de tranquilidad difícil de encontrar hoy en día. Está rodeada de árboles y naturaleza, lo que le da un encanto especial y la convierte en un sitio ideal para hacer una pausa, descansar un momento y disfrutar del silencio.
El acceso es muy fácil y apto para personas de cualquier edad. Se puede llegar caminando por un sendero agradable o también en vehículo. Aunque no suele haber actividades en su interior, vale la pena entrar para apreciar su arquitectura y el ambiente de paz que se respira adentro. Me gustó especialmente cómo se integra con el paisaje del bosque, sin romper la armonía del entorno.
La capilla forma parte de esos lugares que no impresionan por su tamaño, sino por la calma que generan. Recomiendo visitarla a quienes disfrutan de los espacios históricos, espirituales o simplemente buscan un rincón tranquilo en medio de la naturaleza. Es una parada obligada dentro del recorrido por La Cumbrecita y una de esas postales que quedan grabadas en la memoria.