En la esquina de Independencia y 27 de Abril, mirando hacia la Plaza San Martín —la antigua Plaza Mayor de Córdoba—, hay un edificio que lleva parado en el mismo lugar desde 1598. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción es la construcción colonial más antigua que todavía está en pie y en uso en toda la Argentina. Cuatro siglos de historia, de arquitectura superpuesta y de personajes que hicieron el país están concentrados en este templo que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1941 y que la ciudad de Córdoba reconoce como su cuarta maravilla.
El sitio fue designado para una «Iglesia Mayor» desde la fundación de Córdoba en 1577, pero por años fue apenas un rancho de barro y paja. La obra en serio empezó en 1598: el maestro mayor Gregorio Ferreira y el cantero Juan Rodríguez levantaron los primeros muros de piedra, ladrillos y cal. El diseño definitivo de la planta en cruz latina de tipo basilical llegó de la mano del jesuita italiano Juan Bautista Prímoli, que tomó como modelo la iglesia del Gesù en Roma. Durante los dos primeros siglos de obra también participaron artesanos aborígenes de las estancias jesuíticas, que dejaron su marca en los detalles barrocos del interior. La fachada principal fue concluida en 1729 por Andrés Blanqui (Andrea Bianchi, de origen italiano). La gran cúpula con cimborrio es obra del franciscano Fray Vicente Muñoz. Las torres campanario se terminaron en 1787. En 1901 llegó desde París, de los talleres Paucelae Coquet, la estatua del Cristo Redentor que corona la fachada. Y entre 1900 y 1914 el pintor y arquitecto catamarqueño Emilio Caraffa sumó los frescos interiores y los dos vitrales de la bóveda: uno con la Resurrección de Cristo, el otro con el Sagrado Corazón.
El interior es monumental sin ser frío. La nave central, techada con una bóveda de cañón altísima, está recorrida por molduras talladas en madera y doradas a la hoja de oro. La luz entra por lunetos laterales y cambia durante el día. El altar mayor, construido en parte con plata repujada del Alto Perú, hace juego con columnas doradas y esculturas de santos que son obras de arte en sí mismas, muchas articuladas y vestidas con ropajes suntuosos. La puerta principal y la sillería del coro son trabajos jesuíticos en cedro misionero. En el palco sobre el nártex hay un órgano de tubos. Y en las esquinas de las torres, una curiosidad que casi nadie nota: figuras esculpidas tocando trompetas, vestidas con atuendos indígenas —la huella de los artesanos aborígenes que construyeron este templo.
En el nártex —el espacio que se cruza al ingresar— descansan los sarcófagos del General José María Paz y su esposa Margarita Weild, y la urna con los restos del Deán Gregorio Funes. En las criptas yacen el Obispo Hernando de Trejo y Sanabria —primer rector de la Universidad Nacional de Córdoba, la primera universidad de la Argentina— y Fray Mamerto Esquiú. La Catedral de Córdoba está a tres cuadras de la Manzana Jesuítica, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.




